Maritza Nasser

Melancólico noviembre


Melancólico noviembre ...el único mes del año que nos lleva a recordar que hemos de morir. Verdad tan dolorosa que no nos ponemos a pensar que un fin de día es un fin que nos acerca más a la otra vida, a esa vida tan temida #(la muerte. La misericordiosa naturaleza nos recuerda que en ella también está presente la muerte pero nosotros preferimos ignorarla, negarla y no escuchar ni entender su mensaje de cada día.
Lo pájaros en este mes se callan.
Los troncos de los árboles y sus abundantes ramas se desnudan y envejecen dejando caer sus hojas sobre el pasto, el cual va quedando recubierto de hojas secas y muertas.
El frío de esta temporada a muchas personas enferma y nos evita continuar con nuestro entusiasmo por hacer y deshacer.
Este mes al estar pasivos y pensativos nos permite sentir la necesidad de reflexionar para conectarnos con nuestra interioridad.
Es hasta cuando empiezan las dudas en nuestra mente:
¿Cuándo he de morir? ¿Cómo voy a morir? ¿Quién me acompañará en mi muerte? ¿Quién llorara por mí?..y al morir ¡todo morirá conmigo!
Nuestra cultura no nos permite conectarnos con nuestra sombra -la muerte-, nos invita a que la veamos y la sintamos como algo negativo y doloroso.
¿Pero por qué nos engañamos? Porque no podemos ver que la muerte reina en nuestras mentes y en nuestras emociones. Cada día la invocamos y no como un proceso de vida sino como una circunstancia que a través del tiempo le hemos dado un lugar de preferencia, ¡la aprendemos, la actuamos, y la damos! Y así vamos viviendo la muerte en la vida; transmitiéndola de una persona a otra.
Existen diferentes tipos de muerte:
¡Damos muerte con nuestras palabras!..cuántas veces no debimos haber hablado, cuántas veces debimos habernos quedado callados.
Cuando ignoramos a una persona y no queremos tener tiempo para verla o escucharla, cuando no tomamos en cuenta a alguien porque ante nuestra valoración de persona no llega a la altura para que nos decidamos a darle tiempo y escucha. Ese egoísmo que nos impide sentir al otro y nos lleva a que con pretextos lo hagamos a un lado sin tomar en cuenta que quizá sólo necesitaba ser escuchado. Este proceder nuestro es dar un tipo de muerte a aquel que nos necesita.
Cuando damos mensajes inadecuados, esos mensajes que confunden, que lastiman son maneras de contribuir al dolor y es un modo de dar muerte. Cuando permitimos o nos relacionamos con los otros a través del daño emocional, estamos dando muerte. ¡Cuántas madres están asesinando a sus hijos!, y cuántas venden a sus hijas y así les acaban la vida y las dejan muertas viviendo. Nuestra cultura es ambivalente, rehuye a la muerte, le teme y sin embargo en todo se siente su presencia, la muerte ha ido adquiriendo un valor primordial:
La invoca el adicto con su adicción. ¿Acaso no es invocar la muerte cada vez que se inyecta la venas? O cada vez que inhala hasta el fondo su polvo blanco para perderse en una fantasía inmortal. La invoca el pobre y el hambriento, la busca cobardemente esa persona que teniendo todas las posibilidades de salud y económicas deja de comer.
Y qué decir del solitario suicida quien cansado de sufrir se suicida como defensa propia, haciendo de la muerte su aliada, la busca, la encuentra y siente en ella la paz deseada
Y de esos niños no deseados a quienes les impusimos la vida para después maltratar y abandonar, ellos ¿qué nos podrán decir de la vida?, ¿y cómo en la vida sentirán la muerte?
Los grandes sabios han enfrentado y han dejado a la humanidad sus hallazgos, ayudándonos a descubrir elemento afines en cada una de sus interpretaciones. En sus legados se concluye que debemos morir viviendo una vida lo más humana posible y no olvidemos que la muerte se lleva el cuerpo pero la inmortalidad de nuestra alma la vence.
Cuando partamos no es sinónimo de vacío, trascenderemos a través de los testimonios que fuimos dejando a nuestro paso; estos serán una guía para todos aquellos que vienen atrás de nosotros.
Cuando partamos lo que logremos dejar como humanos les servirá a esos otros para conectarse con su propia intimidad y vuelvan a la magia de sentirse humanos-vivos-. Este conectarse con la magia de ser, es una forma de nacer todos los días.
Vivamos una vida rica en sabiduría, comprometamos por nosotros mismos, por ese, por aquel.
¡Día a día estamos muriendo en vida!
¿Qué vida estamos dejando para trascender?
Existen muchos niños que requieren de compañía, niños que requieren de alguna persona que desee compartirles el ser.
Existen mucha mujeres que de vacío y de soledad van tirando cada día la vida.
El nivel de suicidio es muy alto en nuestro estado, preguntémonos porqué la gente busca la solución dándose muerte.
Reverenciemos la vida, nutramos nuestra vida llenándola de vida compartida con otros.
Y aunque la muerte es más fuerte que las mismas fuerzas, día a día vivido es un día vencido por el deseo de vivir.

maritzanasser@hotmail.com